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Desde una Nube Piroclástica [entries|archive|friends|userinfo]
She's Lost Control...Again.

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.sosav sol sodot amloc euq atog al serE [Jan. 21st, 2007|08:09 pm]

Sentarte diez minutos, tan sólo diez minutos, en las escaleras de un portal cuaquiera de una calle concurrida. Suficiente para comprobar lo rápido que gira el mundo, la gente que corre sin desviar la vista de su reloj, tratando de ganarle la partida al tiempo, un par de yonkis discutiendo a gritos, madres que pasean a sus bebés, ancianas que difunden la palabra de dios en panfletos de papel barato, un japonés con traje de ejecutivo haciéndole mil fotos a un monumento aberrantemente feo. Y tú tirado en ese portal sin otro propósito que observar cómo el mundo respira y dejar que el tiempo siga escapándose entre bocanadas de humo. Escapándote. Algunos ni siquiera se percatan de que un par de ojos observan cada uno de sus pasos desde un rincón, otros te devuelven una mirada extrañada, como preguntando ¿y tú que haces ahí?

Fuera de lugar. Aquí, allí, en todas partes. Como cuando sales a la calle con abrigo y paraguas y resulta que el sol brilla más que nunca y hace calor, y todo el mundo lleva camisetas de manga corta y te preguntan con los ojos cómo no se te ocurrió mirar por la ventana antes de salir de casa.

Igual es que suponías demasiadas cosas. Que todo iba a seguir siendo lo mismo, o que iba a ser tal y como tu cabeza lo había pintado. Lluvia y más lluvia. O igual es que ni siquiera te importaba, y preferías perderte en el murmullo de las gotas de agua rebotando en los charcos, aunque no hubiera charcos, ni gotas. Que vas a todas partes con ese abrigo gris porque ya no sabes como quitártelo, o porque tienes miedo de que el frío se te vuelva a clavar entre las costillas.




Ahora me doy cuenta de que sí me importaba, de que se está bien sin ese abrigo que te protege demasiado y también te asfixia y te inmoviliza. Tú estabas tirado en el portal de enfrente y yo no te había visto. O no había querido verte. Como tanta otra gente que pasó y no fue más que una silueta débil en el rabillo del ojo, una presencia fugaz, un espejismo. Pero ya te has ido. Acabaste tu cigarro de una sola calada, larga y lenta, casi morbosa.  Y después te levantaste, aplastaste esa colilla moribunda contra la acera y desapareciste. Tan rápido como habías llegado. Y no sé porqué, pero te echo de menos. Demasiado, aunque demasiado siempre sea malo.

Tengo los dedos manchados de carboncillo, de ese retrato a medias que nunca llegué a regalarte. De palabras sueltas de mi historia, de todas las canciones que te pintaría en las manos si me atreviera a tocarlas. Si no tuviera tanto...miedo.




Sabes, la perfección sólo está en los ojos que creen observarla. Pero los tuyos son tan sinceros que me desnudan, aunque yo siga creyendo que es mentira.
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Mamá, quiero ser mártir!! [Dec. 28th, 2006|02:46 am]
Tiene huevos. Dejas a una amiga un par de meses a su bola y se mete en el ejército de paracaidista. Que alguien me explique como se puede pasar de querer ser restaurador de arte a paracaidista en el ejército. Bueno, es obvio, conoces gente nueva, vives sensaciones fuertes, ganas una pasta y te lavan el cerebro de una forma rápida e indolora, para no pensar demasiado. Ah, que hay que morir por la patria...lo siento, no me había leído la letra pequeña.

Intentaré hacerle una foto por si no la vuelvo a ver y también darle un par de ostias a ver si cambia de opinión, estoy hasta los cojones de que el puto ejército se lleve a gente que me importa y me la devuelva lobotomizada, joder.
link9 combustiones|//Arde!!!

¿Feliz Navidad? [Dec. 26th, 2006|01:54 pm]


Que le pregunten a ese hombre que descansaba en un soportal cualquiera con la cabeza apoyada en un macuto sucio y andrajoso casi tan enjuto como su propio cuerpo. Que le hablen a él de buenos deseos, de paz, de igualdad, de una entrañable cena en familia con un delicioso cordero asado sobre la mesa, bajo la colorida luz intermitente de un bonito árbol de navidad. De regalos, de felicidad y solidaridad.

-Cuando venía hacia aquí he visto a un hombre tirado en unas escaleras, completamente solo.
-No te preocupes, siempre hay alguien que se acerca a darles algo a esos pobrecitos.

Ya. Pero no serás tú. Ni yo, ni el vecino de al lado, ni el de dos manzanas más allá. Probablemente nadie abandone la cálida tranquilidad de su hogar para acercarle a ese hombre un miserable trozo de pan. Nosotros estaremos aquí, comiendo hasta reventar, bebiendo, charlando y riendo, mientras lo único que tiene ese hombre es el viento gélido de diciembre azotándole la cara y un puñado de recuerdos enmarañados en el pelo. Y la estampa difusa de la gente que pasa, de la gente que se va, de la gente que no mira al suelo porque prefieren deleitar sus ojos con el sofisticado alumbrado navideño de microbombillas de bajo consumo. Esa es la paradójica solidaridad de la Navidad; bombillas innecesarias pero que ahorran energía, árboles de plástico 'respetuosos' con la naturaleza, un poco de calderilla en un sobre de unicef como infalible limpiador de conciencias. Catálogos de juguetes con casillas preparadas para señalar cómodamente a Papá Noel todos los regalos que queremos, anuncios de operadoras telefónicas que insisten en lo importante que es mantener el contacto con los que queremos con la tarifa más reducida del mercado. Comprar sueños en forma de billetes de lotería.

Me siento estafada, rabiosa, impotente. Harta de ver cómo año tras año me restriegan la misma patraña delante de las narices, cómo la gente permanece indiferente ante la gran farsa que intentan venderles envuelta en un precioso lazo rojo.  De que prefieran perderse en esas luces que ciegan y que impiden ver que algo se muere agazapado en las sombras que hay detrás de ellas. De que la festividad que alardea de ser la más humana sea en realidad la más hipócrita, la más vacía, la más estéril. Una fecha de plástico con principios de plástico, tan falsa como sus espumillones de colores y las barbas postizas de los papanoeles que sientan a los niños en su regazo en los centros comerciales a media jornada. Una gran broma sin puta gracia.

Feliz falsedad.
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... [Dec. 11th, 2006|09:40 am]
Demasiado cansada para todo.

Los caminos están ciegos, las verdades...hace tiempo que se perdieron en un laberinto de gargantas anudadas. Ya no sé si todo es real o sólo un trozo de barro demasiado bien modelado.

La duda me reseca el cerebro, las lágrimas sólo son agua salada que se cuela entre sus grietas. Un segundo y se evaporan, y no queda nada, ni siquiera un cerco sucio sobre la tierra yerma. N a d a.

Porque incluso ellas están vacías.

Se me han acabado las palabras.







(Desaparece.)
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Pequeño pollo azul, cuenta tus tiernas zarpitas ^.^ [Nov. 14th, 2006|11:49 am]
He tardado mucho, sépolo, pero al fin tengo tu regalito de no-cumpleaños, pequeño pájarraco sin plumas ^^

A ver si adivinas quién es n___n oh uh ^.^




Desde el manicomio con mejores vistas de todo Vigho güiz lof ^^
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Octubre. [Oct. 4th, 2006|03:16 pm]
Permanecía tirado en aquella esquina, infecta de orín de perro y vómito reseco de borracho.
¿Cúanto tiempo? No lo sabía. Recordaba haber tenido un reloj, pero un día abrió los ojos y simplemente no estaba. Todo lo que formaba parte de su vida acababa desapareciendo igual de repentinamente, se había acostumbrado a convivir con la pérdida. Aunque tampoco tenía demasiada importancia. Hacía tiempo que el concepto de hora, minuto o segundo había perdido sentido para él. Ya no tenía nada para llenar esas palabras. Nada que hacer, nada que esperar, nada.

La lluvia de Octubre le calaba los huesos, se colaba como una serpiente helada entre las múltiples capas de ropa raída que había atesorado merodeando por su reino, la calle. Entornó los párpados, y compuso su canción de cuna sobre el crujido metálico de las persianas de los pocos comercios que aún permanecían abiertos. La noche era suya, al fin.

Preparó el chute rápidamente, en un ritual que realizaba ya casi de forma inconsciente, con la habilidad de un zorro hincando sus colmillos en la yugular de su desprevenida presa. Llenó el cuentagotas con el burbujeante placebo, enroscó una goma gruesa y ajada alrededor del brazo famélico y empujó el báculo suavemente, saboreando la parte álgida del ritual. El rojo y el blanco se mezclaron en un virulento abrazo, imbuído de una pasión corrosiva, fascinante; de esa maldad latente que sólo puede presagiar un desenlace trágico.

Empujó hasta absorber la última gota, y descansó perdido en ese beso que le hacía flotar y sangrar al mismo tiempo.

-Has vuelto a hacerlo. Eres patético.

-Lárgate, puta.

-Tú me has hecho venir. Me has hecho venir porque te sientes solo, porque sólo eres un despojo tirado en esa esquina llena de mierda, como tú.

-Este...es mi trono. Sólo mío.

-No me hagas reír...¿tu trono? Un trono de basura para un rey sin súbditos. Una corte de piojos que sólo quieren tu sangre sucia. No podrías esperar otra cosa.

-No necesito a nadie. No te necesito.

-¿De verdad quieres que me vaya? No puedes engañarte ni a tí mismo, te tiembla la voz. Mírate, das asco. ¿Crees que alguien te necesita a tí? Necesitas creerte autosuficiente porque no tienes a nadie.

-Pero tengo una historia...soy yo quien la escribe.

-Una historia de príncipes yonkis y princesas putas. Una historia que no le interesa a nadie. Y ni siquiera eres tú el que guía tu mano.


Una historia donde los príncipes sólo anhelan el caballo que cabalga por sus venas, donde las princesas se prostituyen por un beso de amor envenenado, manchado por su propia lascivia. Una historia de reyes sin reinos que conquistar, deambulando cabizbajos entre los inmensos pasadizos en ruinas de castillos devorados por la hiedra. De ríos salados de lágrimas, de dragones que exhalan azufre mojado porque olvidaron qué es el fuego.

Un alambre de espino custodia las rubias trenzas de todas las niñas buenas, arrancadas de cuajo por la curiosidad. Llorad por vuestro oro, ahora sólo es esparto sucio y desgreñado. Entregad vuestro llanto al demonio insaciable que devoró vuestra inocencia, ahora sois sus esclavas.



Pobre yonki, que se corta las venas intentando recoger los cristales rotos de un sueño. Y dormir, quizás para siempre, en una mentira que no engendre pesadillas.

¿A quién le interesa?

Hay mentiras mucho más bonitas.
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Y usted, ¿se siente feo/a? [Sep. 20th, 2006|10:20 pm]
Hallábame yo esperando a alguien que no llegaba en la entrada de esa aberración arquitectónica copiada de un capítulo de Bricomanía pero en más cutre que es el nuevo centro comercial Gran Vía, nuevo lugar de hacinamiento de jóvenes, ancianos, niños y demás gentes del inframundo urbano que no hallan cosa mejor que hacer que acudir en masa a gastarse los cuartos en demasiadas tiendas con demasiadas cosas en que gastarlos, o en un porrón de establecimientos hosteleros en cadena con menús prefabricados y mesas ridículamente pequeñas o ridículamente de plástico (las del Jamaica se llevan el premio gordo, record guinness al mayor número de mesas conseguidas con la menor cantidad posible de mármol, eso sí, mármol del bueno. Consecuencia: cuatro personas apiñadas alrededor de una superficie no mayor que un tablero de Scrabble, empleando sus mejores dotes en Tetris para conseguir encajar un Nestea, una Cocacola light, dos cervezas, cada una con su correspondiente tapa de panchitos, patatas fritas o aceitunas sin tirar nada al suelo y aparentando la mayor comodidad posible para justificar la burrada de céntimos de euro que vale el café).

Como iba diciendo, hallábame yo esperando, de pie, porque a nadie se le ocurrió poner un puñetero banco, leyendo Zarathustra y subrayando los parrafitos con mayor cantidad de sabidurida condensada, cuando tres chiquillas gitanas irrumpieron en la calle saltando y riendo, seguidas de su atareada mamá, que se afanaba en que ninguna de las tropecientas bolsas del carrefur que llevaba en cada mano rozasen el suelo, tarea harto complicada.
Una de las niñas, la más grande a lo alto y a lo ancho, se me acercó dirigiéndole una sonrisilla cómplice a las otras dos, y, con toda la jeta del mundo, me preguntó:

-¿Tú eres fea?

Bien. No vas a reventarle el cráneo porque la violencia no se te da bien, porque sólo es una niña y porque si existen madres con aspecto amenazador en el mundo, ésta se las come a todas con patatas, huesos incluídos. Responde amablemente y con una sonrisa profidén como si le fueses a dar a esa niña impertinente una lección de civismo que no olvidará en la vida.

-No lo sé, eso tendrías que decidirlo tú, ¿no crees?

Dudó un momento. Miró a las otras dos, que no dejaban de partirse el ojete. Se armó entonces de esa extraña especie de valor del que se arman los niños sólo cuando tienen una madre del tamaño y envergadura de Mazinger Z, y ésta se halla lo suficientemente cerca del lugar del incipiente crimen como para propinarle un par de tollinas bien dadas a cualquiera que se atreva a soplarle a la cara a uno de sus retoños, y respondió:

-Sí, eres fea, ¡muy fea, muy fea!

Me reí sinceramente.

-Pues gracias, mujer *(yquedioxteconserveenterapormuchosañosesajetadepatatarequemadaquetienes)*

-Pues de nada.

Y se alejaron las tres alicuécanas en flor, dando saltitos y cantando a coro 'Muy fea, muy feaaa'.

Seguí riéndome durante un buen rato. Comprobé que no me había salido una calabaza por ningún lado, que no había perdido ningún zapatito y que, por supuesto, mis botarras destrozacanillas no eran ni por asomo de cristal.Todo correcto, y además todos los ratoncitos pizpiretos susceptibles de transformarse en nobles corceles se hallaban muy muy lejos, en algún oscuro sótano de algún oscuro macdonalds de un no tan oscuro ni lejano centro comercial. Oquei, orzogüei, vuelve a tu sesuda lectura y guárdate la anécdota para contarla en tu diario y que todo el mundo pueda reírse con o sin tigo.

Ains, estos niños de hoy en día. O estos proyectos de mujeres aún demasiado sinceros. Si ya lo decía Zarathustra: 'Si vas con mujeres, llévate un látigo'. De siete colas, si puede ser. Y dos mejor que uno.
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Y dibuja la espiral de la derrota... [Sep. 17th, 2006|03:19 am]
Unas garras invisibles oprimen mi cráneo, los sesos se aprietan contra sus paredes como una masa viscosa, informe, en una lucha constante por estallar su cárcel de hueso en mil pedazos, lacerando las estúpidas manitas de bebé que intentan contenerlos. Todos los gritos que nunca llegué a vomitar se anudan en mi garganta, palpitantes de odio hacia todos y hacia ninguno. Escupo sangre con cada palabra, por eso prefiero tragármelas, aunque sepan a ácido.

No intentéis arrancar un ladrido del perro viejo y rabioso. No intentéis acariciar su lomo enjuto, no enredéis vuestros suaves dedos entre los mechones estropajosos de su desvaído pelaje. Vuestra compasión es su humillación, vuestras caricias lastimosas hienden su carne corrupta. Os arrancará la mano de un mordisco cuando tenga ocasión, aunque sea lo último que haga. Fraguará su venganza en esa confianza que regaláis por doquier, ignorando si algún día podrá llegar a agotarse. Os la arrebatará de un golpe, os contagiará esa miseria que acarreó en solitario durante tanto tiempo, y que crecerá entre vuestras costillas, alimentándose de vuestra alma como un tumor maligno, hasta devorar vuestro corazón en el éxtasis de su implacable metástasis. Y morirá al fin esgrimiendo una sonrisa de encías desdentadas. Él será libre, y vosotros portaréis sus cadenas.

Os odio, os odio a todos, odio, odio, odio...os odio porque cada una de vuestras absurdas preguntas es como un puñetazo en la boca del estómago, porque vuestras miradas hunden mis ojos en sus cuencas hasta que abrasan, y sólo pueden ver el negro insondable de la decepción, el rojo coagulado de la ira. Tejéis con mentiras encubiertas y falsas sonrisas la telaraña que me atrapa, la frustración que me ahoga. Necesito verdades, pero sólo queréis ofrecerme máscaras. Y yo tampoco puedo daros más que mentiras.

Os odio porque nunca llegaré a ser como vosotros. Os odio porque nunca seréis como yo.

Especial, dices. Es una palabra demasiado ambigua, prostituída la mayoría de las veces. Un eufemismo más con el que darle un nombre agradable a un lastre. Y si este es mi don, si eso que me hace especial, o diferente, o simplemente rara, es una condena más que una salvación, si me hace mancharme de tierra y podredumbre, y de odio, y de rabia, hasta apagar el brillo ínfimo que pude haber tenido, entonces no lo quiero. Que le jodan, así se pudra con todos sus fantasmas. Antes era normal, sabes, era patética y aplastantemente normal. O eso creía. Pero mi normalidad me hacía feliz. Y ahora qué, soy tan especial que nadie querría estar a mi lado, nadie excepto tú. Por eso tengo que ocultarme, por eso mi vida se reduce a interpretar un papel que detesto y del que no consigo escapar. Por eso sólo puedo maldecirlo entre bastidores, y tapiar las ventanas de mi celda por miedo, por miedo a todo y a todos, a que alguien se asome lo suficiente para echar un vistazo fugaz a su interior y descubra mi catalepsia histérica entre cadáveres y pesadillas. Tengo miedo a quedarme sola, aunque al mismo tiempo sé que el miedo es el único compañero que podría soportar(me).

Es tan frustrante no poder ponerle un puto nombre a esta mierda...Regurgitar las ansias de venganza por no saber hacia dónde escupirlas, volver a rayar la frontera de lo absurdo y de la duda como tantas otras veces. Aquellas pistas temblorosas que había escrito con tiza se marcharon con la lluvia, y ahora sólo son gritos desparramados en un muro de niebla o de hormigón. La lluvia siempre vuelve.
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Bienvenido a casa, Septiembre. [Sep. 14th, 2006|12:05 am]
[music |Pink Floyd-Wish You Were Here]

Vuelve la llovizna, tímida, como pidiendo permiso para traer de nuevo el frío; las nubes de algodón sucio, las calles desiertas y relucientes; el olor denso, húmedo, manchado de tierra y de humo de tubos de escape, y de risas y de voces que se pierden tras el repiqueteo de la lluvia contra el asfalto. El tac tac tac de unos tacones que corren a esconderse bajo los balcones, la huida muda de un paraguas que baila con el viento.
Y me siento indescriptiblemente bien.

No sé en qué momento empecé a preferir el invierno al verano. No hace demasiado tiempo, lo sé, ni demasiado poco. Simplemente se pierde en mi memoria, igual que todo lo que fui. Veo otros veranos como una película difusa, entrecortada, con personajes que ni siquiera siento como míos; veo otros septiembres demasiado lejanos, cuando aún tenía algo que celebrar y no que maldecir. Unos regalos, unas velas, una tarta de chocolate que todavía rechazaba con alguna excusa estúpida. La cebra de peluche que todavía me mira desde el otro extremo de la cama, un póster que arranqué de la pared antes de marcharme, un libro que nunca llegué a leer, y un montón de cosas más que guardo en un cajón junto a un puñado de recuerdos. Sólo son objetos. Prefiero no tocarlos. Prefiero que se queden enterrados en ese cajón, y el pasado atrapado con ellos. Una burbuja que hoy no estallará.

El mundo se desdibuja tras un espejo deformado, el rojo de las luces de freno difuminándose tras un manto de niebla, los semáforos que parpadean, el sonido repetitivo que es el verde a los ciegos, la sinfonía aberrante de las bocinas atrapadas en algún atasco, incluso los gritos de los conductores desquiciados. Es un caos delicioso, extrañamente cálido. Creo que por eso me gusta, mi caos se vuelca en el mundo, y el mío encuentra por fin el equilibrio.

Mientras R. afinaba las cuerdas de su vieja guitarra me escapé hasta la cafetería de la esquina, como (casi) todos los días. Pido un café, enciendo un cigarro, miro a través del cristal, a veces me pierdo en los trazos caprichosos de las gotas de agua resbalando por su superficie, a veces garabateo en una servilleta trazos más caprichosos todavía. Un chico de unos catorce o quince años me mira desde el otro lado de la barra. Ha pasado ahí metido casi todo el verano. Todavía es un niño. No deja de mirarme, así que le devuelvo la mirada. La esquiva inmediatamente, se sonroja. Joder, es un niño. Es grande y corpulento, sus movimientos son torpes e inseguros, y anda con los pies ligeramente torcidos hacia adentro. La piel blanca y surcada por pecas diminutas, la boca pequeña, como si se hubiese acostumbrado a estar cerrada; los ojillos ocultos en una expresión triste.

Se acerca a una mesa con un 'hola' casi inaudible. Una mujer de pelo rubio sintético recita de un tirón su pedido sin desviar la mirada de su teléfono móvil. Él asiente y se aleja, arrastrando los pies. Mierda, pienso. Porqué estás aquí dentro, cuando tu vida está fuera. Sólo eres un niño, porqué te revuelves en la apatía de un bar, en historias de papel mojado, entre personas solas que sólo buscan recuerdos tras un cristal y en sus propias pupilas. Entre muñecos de plástico que intercambian palabras de plástico. Huye, o acabarás corrompiéndote con toda esta mierda, acabarás agradeciendo cuatro monedas manoseadas, agradeciendo cosas que jamás merecen agradecerse. Viviendo detrás de una barra. Igual que tus padres. O que los míos. O que yo.



La lluvia hace que el rock suene más auténtico. O mejor dicho, que Pink Floyd flote en el aire en una mezcla perfecta, como si hubiese encontrado su hábitat natural, sigh :')
Una canción que es septiembre, para alguien que es otoño (y sí, ya sabes quién eres, monicreque con plumas :P)

http://www.yousendit.com/transfer.php?action=download&ufid=DCD657230B029780
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Inocencia. [Sep. 11th, 2006|09:34 pm]
Cae la noche (una vez más).

Nadie lo sabe, pero un reguero de suspiros se escurre entre las rendijas de las persianas cerradas.

Un grupo de niños ríe y juega en el patio.
No lo saben, pero se están bañando en suspiros. Suspiros anónimos.





Suspiros ahogados detrás del cristal de una ventana cualquiera.
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